Monday, November 23, 2020

Devocional CPTLN — Lágrimas para beber

 

Lágrimas para beber

Señor, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo te mostrarás indignado contra la oración de tu pueblo? Nos has dado a comer lágrimas en vez de pan; nos has hecho beber lágrimas en abundancia. Nos has puesto en ridículo ante nuestros vecinos; nuestros enemigos se burlan de nosotros. ¡Restáuranos, Dios de los ejércitos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvados!

No es inusual escuchar en los salmos una súplica a Dios para que responda a las oraciones personales del salmista. En el Salmo 39:12a, el salmista dice: "Señor, ¡escucha mi oración! ¡Atiende a mi clamor!", y en el Salmo 61:1: "Dios mío, ¡escucha mi clamor! ¡Atiende mi oración!" En el salmo de hoy, la petición es diferente. El salmista ruega a Dios no por él mismo, sino por el pueblo de Israel. Los israelitas casi se ahogan en sus lágrimas. Dios les había dado lágrimas para comer y beber. Para empeorar las cosas, los enemigos se burlan de ellos israelitas y, sin duda, se burlan de un Dios que aparentemente se niega a escuchar las oraciones de su propio pueblo.

Sabemos lo que significa ahogarnos en nuestras propias lágrimas. A través del miedo, la enfermedad y el dolor, puede parecer, al menos desde un punto de vista terrenal, que Dios no nos está escuchando y que nos hace "beber lágrimas en abundancia". Los incrédulos se burlan de lo que perciben como la absoluta futilidad de la oración, negando la existencia de un Dios que escucha y contesta la oración.

Sin embargo, no estamos solos con nuestras lágrimas. Durante su ministerio terrenal, nuestro Señor también lloró. Sus lágrimas en la tumba de Lázaro impresionaron a los dolientes allí reunidos. Jesús lloró por Jerusalén y el sufrimiento que vendría a la ciudad que había rechazado a su Mesías. En la cruz Jesús clamó a su Padre y, aunque no sabemos si el Salvador derramó lágrimas de dolor y desolación, soportó el ridículo de sus enemigos mientras se reían de sus oraciones sin respuesta: "Ya que él confió en Dios, pues que Dios lo libre ahora, si lo quiere" (Mateo 27:43a).

Sabemos que las oraciones de Jesús fueron escuchadas y respondidas. "Cuando Cristo vivía en este mundo, con gran clamor y lágrimas ofreció ruegos y súplicas al que lo podía librar de la muerte, y fue escuchado por su temor reverente" (Hebreos 5:7). El Hijo de Dios reverente y obediente sufrió y murió en la cruz, pero el Padre lo salvó de la corrupción de la muerte y lo resucitó para convertirse en la fuente de nuestra salvación. En la Persona de Cristo Jesús, Dios mismo ha derramado lágrimas y ve nuestras lágrimas. Por amor a su Hijo, perdona nuestros pecados y escucha nuestras oraciones. En Cristo somos restaurados y salvos. Ahora vivimos en la luz que es el rostro resplandeciente del favor de Dios. A veces derramaremos lágrimas de angustia en la tierra, pero un día viviremos en la presencia de Dios para siempre y Él enjugará cada lágrima de nuestros ojos.

ORACIÓN: Padre Celestial, por amor a tu Hijo recuerda nuestras lágrimas y responde nuestras oraciones. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:
1. ¿Podría ser la oración del salmista la que se dice de la iglesia de hoy?

2. ¿Incluyes en tus oraciones a la iglesia, a tu nación y a los creyentes de todo el mundo?
© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones. Que a través de estos devocionales, la Palabra de Dios te refresque en tu diario caminar.
Sabemos lo que significa ahogarnos en nuestras propias lágrimas. Sin embargo, no estamos solos con nuestras lágrimas.

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