Tuesday, October 13, 2020

Devocional CPTLN — ¿Herramienta o Hijo?

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¿Herramienta o Hijo?

Yo, el Señor, digo así a Ciro, mi ungido, al cual tomé de la mano derecha para que las naciones se sometan a su paso y los reyes huyan en desbandada; para que las ciudades le abran sus puertas y no las vuelvan a cerrar... Yo iré delante de ti, y te allanaré los lugares torcidos; haré pedazos puertas de bronce y cerrojos de hierro, te entregaré tesoros escondidos y te daré a conocer recónditos secretos, para que sepas que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre. Por amor a Jacob, por amor a Israel, mi siervo escogido, te he llamado por tu nombre, el nombre que te di, aunque tú no me conocías. Yo soy el Señor, y nadie más. No hay Dios fuera de mí. Yo te vestiré para la batalla, aunque tú no me conoces, para que desde la salida del sol hasta el ocaso todos sepan que yo soy el Señor, y que aparte de mí no hay otro Dios.

Isaías 45 es una profecía sobre Ciro de Persia, el rey que un día permitiría que el pueblo de Dios regresara del exilio a su país. La historia nos cuenta cómo los israelitas habían adorado a otros dioses año tras año, siglo tras siglo, hasta que a Dios se le terminó la paciencia y los envió al exilio en un país extranjero. Allí pasaron 70 años afligidos, extrañando su hogar y su Dios, como dice el salmo: "¿Y cómo podríamos cantarle al Señor en un país extranjero?" (Salmo 137:4). Pero Dios no los iba a dejar ahí para siempre. De eso habló antes con Isaías, contándole acerca de un rey que los dejaría volver a casa, un hombre llamado Ciro de Persia.

Ciro no era creyente. Dios aclara esto cuando dice: "Por amor a Jacob, por amor a Israel, mi siervo escogido, te he llamado por tu nombre, el nombre que te di, aunque tú no me conocías". Dios eligió a Ciro para que fuera una herramienta, para hacer un trabajo, para enviar a Su pueblo de regreso a casa y para apoyar la reconstrucción del templo en Jerusalén.

No sabemos si Ciro se volvió creyente, pero sí que afirmó que Dios lo había bendecido y le había dado la tarea de reconstruir el templo. Pero claro, eso era algo bastante común para los reyes y emperadores: un truco de relaciones públicas, una forma de ponerse del lado bueno de la gente y los dioses locales, si es que existían. Ciro pudo haber hecho exactamente lo mismo para una docena de otros lugares que gobernó. Pero eso a nosotros no nos importa. Lo que nos importa es que Dios usó a Ciro como una herramienta y el resultado fue una bendición para el pueblo de Dios.

Ahora, desde el punto de vista de Ciro, sí que importaba. Porque Dios puede usar a las personas de dos maneras diferentes: como herramientas o como hijos. Todos sabemos lo que les sucede a las herramientas: se usan y se guardan, se prestan, se pierden, se pasan a otros, pero eventualmente las herramientas se desgastan. Son buenas, pero no para siempre.

Pero los hijos, ah, ahí está la diferencia. Cuando Dios usa a un hijo suyo para hacer algo, la acción surge del amor entre ese hijo y su Padre. Los hijos no son descartables. Los hijos son para siempre.

Vemos esto mejor en nuestro Señor Jesucristo, quien fue usado por su Padre para rescatar al mundo entero. De buena gana eligió sufrir y morir por nosotros y resucitar de entre los muertos tres días después. No era una mera herramienta. Él sabía exactamente lo que su Padre quería y lo hizo con todo su corazón. Jesús es un niño, el Hijo de Dios. Y tú también eres un niño si confías en Jesús y tienes al Espíritu Santo viviendo en ti.

ORACIÓN: Señor, hazme tu hijo y no solo tu herramienta. Amén.

Dra. Kari Vo

Para reflexionar:
* ¿De qué manera has usado a tus hijos en el pasado?

* ¿De qué manera te está usando Dios en estos momentos?

© Copyright 2020 Cristo Para Todas Las Naciones. Que a través de estos devocionales, la Palabra de Dios te refresque en tu diario caminar.
Isaías 45 es una profecía sobre Ciro de Persia, el rey que un día permitiría que el pueblo de Dios regresara del exilio a su país.

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