Monday, September 7, 2020

Devocional CPTLN — Recordados y olvidados


Recordados y olvidados

No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados. Tan alta como los cielos sobre la tierra, es su misericordia con los que le honran. Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones.

No es de extrañar que Dios recuerde. Después de todo, Él es Dios, nuestro Creador omnipotente y omnisciente, quien dice: "Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes" (Isaías 55:9). Dios recordó y cumplió su promesa de pacto, enviando a su Ungido, el Mesías tan esperado, su único Hijo. Sin embargo, las Escrituras también nos aseguran que hay algunas cosas que, sorprendentemente, Dios no recuerda. "Yo, y nadie más, soy el que borra tus rebeliones, porque así soy yo, y no volveré a acordarme de tus pecados" (Isaías 43:25). Su nuevo pacto es un pacto de olvido: "... haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.... no volveré a acordarme de su pecado" (Jeremías 31:31b, 34b).

Nuestros pecados son lavados en la sangre de Jesús, la sangre de ese nuevo pacto. Dios no recuerda esos pecados ni los tiene en nuestra contra, pero con demasiada frecuencia nosotros sí los recordamos. Nuestros pecados pueden cobrar gran importancia a nuestros ojos. Nos asustamos, nos preguntamos si de verdad estamos perdonados, incluso imaginamos que no podemos ser perdonados. ¿Tomará Dios ciertos pecados contra nosotros, esos pecados que encontramos tan difíciles de olvidar? Quizás Él perdona todo lo demás, pero ¿qué hay de esos pecados que tanto nos avergüenzan, los que hemos confesado pero no podemos olvidar?

Nuestro salmo nos asegura: "[Dios] No nos ha tratado como merece nuestra maldad, ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados". Dios nos trata según su gracia. Por esa gracia fue que envió a su Hijo Jesús a nacer entre nosotros y ser el Cordero que entregó su vida como sacrificio perfecto por nuestros pecados. Jesús cargó con esa culpa que es tan difícil para nosotros dejar de lado. El registro de la deuda contra nosotros ha sido cancelado (ver Colosenses 2:14). En la cruz de Jesús, Dios canceló nuestros pecados, no porque seamos dignos o merecedores, sino porque su amor por nosotros es tan alto como los cielos sobre la tierra. Dios quita nuestros pecados de nosotros tan lejos como está el oriente del occidente, distancia imposible de medir.

Cuando nos sentimos tentados a desenterrar el recuerdo de nuestros pecados, podemos volvernos a nuestro Salvador y, a través de Él, recordar el amor inconmensurable de Dios y la profundidad de su olvido. Su amor es tan ancho y alto como la cruz toscamente labrada que una vez fue levantada fuera de Jerusalén. Su olvido de nuestros pecados es tan profundo y oscuro como la tumba vacía de Pascua.

ORACIÓN: Señor Jesús, cuando estemos atormentados por el pecado y la culpa, vuelve nuestros corazones y mentes a ti, a la cruz y la tumba vacía, y a tu amor inconmensurable. Amén.

Dra. Carol Geisler

Para reflexionar:
* ¿Qué dice de nuestros pecados el que Dios los quite "tan lejos como está el oriente del occidente"?

* ¿De qué maneras practicas el perdón con los demás?
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No es de extrañar que Dios recuerde. Después de todo, Él es Dios …

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